En Alemania, un cliente era dueño de un gimnasio. Su gimnasio tenía una decoración moderna, estaba completamente equipado y rebosaba de socios, pero un problema lo aquejaba constantemente: el ruido. El sonido de las pesas al golpear el suelo, la vibración de las cintas de correr y la música se mezclaban, afectando no solo la experiencia de entrenamiento de los socios, sino también ahuyentando a los clientes potenciales. Para colmo, el eco del espacio circundante hacía que todo el ambiente fuera ruidoso y caótico. Había intentado algunas medidas sencillas de insonorización, pero con escaso efecto y, además, alterando la decoración original. Necesitaba urgentemente una solución que absorbiera el sonido eficazmente y, al mismo tiempo, mejorara la estética de las paredes, y debía implementarse cuanto antes: la captación de nuevos socios estaba a punto de comenzar y no quería que los problemas ambientales dañaran su reputación.